LA PLAZA DE ARMAS RECUPERÓ SU ESPLENDOR, A RITMO DE DANZÓN

Fueron años de olvido y apatía de las autoridades estatal y municipal, la Plaza de Armas se volvió escenario de protestas y plantones con diversos reclamos que de ningún modo juzgamos aquí, solo podemos decir que algunos fueron de permanencia indefinida con sillas, anafres, lonas, tiendas de campaña y toldos, y en no pocas ocasiones con música estruendosa.

Luego se hizo frecuente la invasión de ambulantes de todos los giros, comerciantes locales y foráneos sentaron sus reales, sin que el gobierno municipal —que prometió reinstaurar el orden— hiciera algo para impedirlo, la tolerancia por dividendos políticos fue pasmosa, decepcionante para todos y en particular para el comercio establecido afectado por la competencia desleal y al turismo nacional y extranjero se le dieron motivos suficientes para no volver.

El peatón veo reducido el espacio público entre puestos de fritangas, artesanías, licores huastecos, playeras, licras y calzones; cocteles de fruta, nieves y raspados, y lo inconcebible, había servicios de ¡un quiropráctico!, y en los últimos días se podían degustar ostiones en su concha provenientes de Tampico en la esquina norte del Palacio Municipal.

Tuvo que llegar a la gubernatura Ricardo Gallardo Cardona, para que la Plaza de Armas luciera limpia y despejada. Esta noche volvió la Banda del Estado para acompañar a varias parejas al ritmo de danzón, y para que se retiraran las vallas metálicas de la ignominia que separaban a la ciudadanía del Palacio de Gobierno.